Enómao, rey de Pisa, tenía una hija, Hipodamía, a la que amaba y no quería perder. Cada vez que aparecía un pretendiente a su mano, Enómao le desafiaba a una carrera en carro desde Olimpia hasta el istmo de Corinto. Si el pretendiente, que llevaba a Hipodamía en su carro, y al que se concedía una ventaja, ganaba la carrera, ganaría también lanovia, pero si Enómao se le adelantaba, era muerto. Puesto que Enómao poseía armas y caballos especiales que le había dado el dios Ares, cierto número de pretendientes había hallado su fin de esta manera. Cuando Pélope llego a Pisa, Hipodamía se enamoró de él, y persuadió al auriga Mírtilo, que también estaba enamorado de ella, de que saboteara el carro de su padre sustituyendo sus pernos de metal por clavos de cera. En la subsiguiente carrera, el carro de Enómao se derrumbó y él resultó muerto. Más tarde, Mírtilo, urgido por sus inclinaciones, hizo proposiciones amorosas a Hipodamía, después de lo cual fue arrojado al mar por Pélope y se ahogó. Pélope e Hipodamía juntos para siempre.
Don Sancho Dávila y Daza (Ávila, 21-IX-1523 / Lisboa, 8-VI-1583)
El estro, a veces, se siente turbado
Extraños seres emplazados en la Plaza del Ayuntamiento de Lisboa
Detalles
Aldaba (París)
Cachivaches
Derviche (Turquía)
Patrimonio abandonado
Convento de Paredes Albas en Berlanga de Duero (Soria)
Textos
Maestros: es necesario conocer al niño, si habéis de educarlo. Educar es encauzar la vida y para esto no basta el empirismo; es imprescinbible conocer al sujeto sobre el cual se trata de influir: estudiar sus funciones psíquicas.
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